Libros

Libros en la Biblioteca

La bella y la bestia / Aladino y la lámpara maravillosa

Èrase una vez… un mercader que, antes de partir para un largo viaje de negocios, llamó a sus tres hijas para preguntarles qué querían que les trajera a cada una como regalo. La primera pidió un vestido de brocado, la segunda un collar de perlas y la tercera, que se llamaba Bella y era la más gentil, le dijo a su padre: “Me bastará una rosa cortada con tus manos.”

Cuentos clásicos infantiles

Todos los días se juntaban en un claro del bosque para jugar. Una mañana, la mamá de Bambi lo llevó a ver a su padre que era el jefe de la manada de todos los ciervos y el encargado de vigilar y de cuidar de ellos. Cuando estaban los dos dando un paseo, oyeron ladridos de un perro. “¡Corre, corre Bambi! -dijo el padre- ponte a salvo”.

La casa de Narciso

Habían intentado vivir allí ricos y pobres. Era una casa deslumbrante, con finos suelos de mármol y paredes con frescos que brillaban y daban vida a las figuras pintadas.

Aprende Jugando a conocer la Biblia

Parece un juego, pero no es un juego cualquiera, entretiene pero no es un simple pasatiempo, es una manera de ensañar no solo a los niños, sino a cualquier persona el maravilloso mundo que es la palabra de Dios. Resulta este ser un material invaluable para catequistas, ya que con juegos de mesa, adivinanzas, crucigramas etc. se logra captar la atención de los pequeños ayudándolos a conocer mejor a Dios, su Palabra, y la fe que como católicos debemos defender, renovar y sustentar. Pequeños cuestionarios ponen a prueba nuestros conocimientos bíblicos y nos animan a profundizar en ellos, tratando de saber más que nuestros compañeros de catequesis a fin de ganar el juego, todo en un clima de respeto, alegría y sano esparcimiento.

Ricitos de oro

Ricitos de Oro probó la sopadel plato pequeño.-¡Mmm! Esta sopa está deliciosa.Y se la comió toda.

Isaac Albeniz – El niño prodigio

Un niño travieso de unos dos años comenzó a llorar. Su madre, Dolores Pascual quiso saber cuál era la causa del llanto y acudió presurosa a donde estaba su hijo. Se había tropezado, había caído y estaba tirado en el piso, sin ninguna consecuencia grave. La madre lo levantó, le sacudió la ropa y con un pañuelo le limpió la cara llena de lágrimas.

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